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Así fue siempre hasta que te conocí, todo cambio.

Así fue siempre hasta que te conocí.

Nunca tuve miedo de fracasar en el amor, porque entiendo bien que el amor es cosa de dos. Que por más que yo me esfuerce si mi pareja no pone de su parte las cosas no saldrán bien. Es por eso que a pesar de las decepciones nunca dudé en volverlo a intentar. Aunque fueron varias veces las que terminaba herida el tiempo se encargaba de sanarme para enamorarme una vez más. Así fue siempre hasta que te conocí.

Así fue siempre hasta que te conocí.

Lo nuestro no tuvo un comienzo llamativo ni relevante con respecto a mis anteriores relaciones. Pero había cierta sinergia entre nosotros, cierta magia que con el paso de los días comenzó a transformar mi realidad. Haciéndome amarte más allá de los horizontes que conocía, más allá de mi propia imaginación. Las cosas iban viento, parecía que congeniábamos en todo, o al menos en aquello que considerábamos fundamental. El destino cruel y despiadado nos tendió una trampa que terminó por separarnos. No tuvimos más opción que despedirnos, aunque a pesar de todo quedamos en buenos términos.  Así fue siempre hasta que te conocí.

Quizás eso fue lo que lo complico todo, el hecho de no estar realmente decepcionada de ti si no con las circunstancias que nos separaron creo en mi un sentimiento de no querer dejarte ir. Al menos en mi mente te tenía todo el tiempo y así paso el tiempo. Ese tiempo que anteriormente me había sanado en un lapso comprensible ahora no estaba haciendo ningún efecto en mí. La melancolía de no tenerte era mi compañera así como las imágenes de nuestros mejores momentos compartidos.

Así fue siempre hasta que te conocí.

Al final terminé dándome cuenta de que había sido yo quien de manera directa o indirecta no te quería dejar ir de mi corazón, y como mi corazón solo tiene espacio para una persona nadie más había podido entrar, fui yo la culpable de mantenerme todo este tiempo con las heridas abiertas, fui yo quien se metió el pie a sí misma.

Me di cuenta de que el tiempo ayuda a encontrar resignación, pero es uno mismo en el paso del tiempo quien se sana a sí mismo, no puedes sanar solo con el paso del tiempo, tú necesitas también poner de tu parte, y rememorar todos los días a la persona que se fue no es la mejor manera de cooperar, por fin pude dejarte ir, por fin me he vuelto a enamorar, por fin acepté mi responsabilidad para sanarme a mí misma, por fin he vuelto a ser yo.

Autor: Chivy

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4 replies »

  1. EL OTRO NO EXISTE

    No importa que te hagan; es tu responsabilidad.

    Tú convocaste esa experiencia para evolucionar; no eres víctima.

    Tienes un Ser que es un diamante precioso y está en este mundo para manifestarse, y la única manera de lograrlo es desechando tus impurezas.

    El otro sólo viene a mostrarte lo que no está resuelto en ti. Si te duele que te engañen, tienes que liberarte del engaño interno.

    Si te duele que te abandonen, tienes que superar el abandono de la infancia. Si te duele que te ignoren, debes sanar esa herida.

    Si no te ocupas de sanarte, la Vida volverá a convocar una y otra vez las mismas experiencias para mostrarte que todavía no has aprendido la lección.

    El otro no existe, son sólo ángeles disfrazados que están al servicio de tu florecimiento. Sin los demás, no podrias hacer conciente lo inconciente y morirías herido.

    La verdadera libertad radica en la ausencia de reacción, primero en la ausencia de reacciones externas y luego, cuando hayas avanzado en esta instancia, ni siquiera internas.

    La constante práctica de permanecer anclado a tu Ser y a tu corazón, te centran y liberan de las reacciones condicionadas, convirtiéndote gradualmente en amo y señor de tus estados internos.

  2. Es cierto, son experiencias que nos ocurren sin saber que es lo que debemos hacer, y a través de estos hechos, evolucionamos para sanar nuestras heridas….

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